
San Pedro tiene su museo paleontológico, una linda casona ambientada de forma tal que, con los fósiles que allí se exiben, dejan a sus visitantes entusiasmados con la posible vuelta el día en que se descubra un nuevo espécimen, cuando las máquinas que retiran de la cantera y proveen de tosca a la ciudad, se tropiecen en un descuido de las eras geológicas, con otro hueso, aunque sea muy pequeño.
Hacia allí salieron hoy los grupos del turno tarde. Entusiasmados y ansiosos, los niños iban hipotetizando sobre lo que verían al llegar, y esta era en verdad su única oportunidad de presenciar lo que se expondría en la visita, así que con la algarabía como combustible, caminaron junto a sus señoritas más rápido que espantapájaros en viaje de bodas, para llegar y no perderse nada.
Lo que les presentaron los guías realmente colmó sus expectativas, y al salir preguntaban si no había más para ver. Muchos hablaron de ser buscadores de huesos de dinosaurios cuando crezcan. Realmente, un paseo muy muy interesante. Y las seños chochas.
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