Tanto tiempo con nosotros que la lluvia ya es como de la familia. Tanto, que me inspira a componerle canciones y versitos. Y algo más: bailar. En casa, no bajo las gotas incesantes.
Recuerdo los barquitos de papel luego del aguacero. Llovía mucho de golpe y luego, al calmar la tormenta o gotear apenas, calzábamos las botas amarillas de goma, o descalzos si era verano, y hacíamos una batalla naval. El premio era ir a tomar la leche a la casa del ganador (si, así era, y los papás rogaban que no ganara su hijo jejeje), y alabarlo por su maestría en el plegado de la hoja de diario.
O cuando estaban de moda los paraguas transparentes, y nos poníamos en la calle o el patio a riesgo de empaparnos y ligar más de un chirlo, solamente para contemplar cómo se deslizaban las gotas estrelladas contra el plástico envarillado.
Y ni hablar de las mil y una estrategias de diversión que sacaban de la galera, en la familia a la que le tocaba el turno de cobijar a la "pandilla" durante el aguacero: rompecabezas, dominó, baraja, scrabel, ropa vieja para disfrazarse, libros de cuentos...y las hojas y acuarelas para que "dibujes la tormenta y la muestres en casa".
¿Por qué de adultos sentimos llover y rezongamos o nos deprimimos?
Se nos ensucia el auto o hay que sacarlo, y todos manejan locos ese día. Justo se me rompió el auto y tengo miles de cosas por hacer y ando a pie con paraguas. Se larga a llover ahora que no tengo un paraguas encima. Ahora que llueve, encima se me viene a filtrar agua por el techo recién arreglado...innumerables y desgraciadas situaciones, segun nosotros. Y sí, de viejos mal llevados. Porque de chicos nos importaba un comino la bronquitis o la quebradura por el resbalón luego de jugar en la lluvia.
Parece que dejar de lado lo divertido y gratificante se ha transformado en sinónimo de crecer, de "adultizarse".
Por el bien de la vida, ojalá que los adultos vuelvan a divertirse pronto (sanamente)
under the rain.