Día de sol y mucho calor. Tres de la tarde la hora convenida. Calor y más calor. Pero nada ni nadie puede con nosotras.
La cantidad de los presentes superó nuestras expectativas. La buena onda se esparció por todo el perímetro del patio, y no faltaron las palmas al ritmo de la música. Y luego los elogios. Y alguna lagrimita por la despedida, pues muchos niños cambian de seño o de turno.
Comenzamos con el salticar seguro de la seño Vale y su "Cucarachiña", que fue el furor, secundada por la seño Marisa al ritmo de las maracas. Luego giraron los aros en ula-ula con la seño Marina, y finalmente, como expulsando los rumores de lluvia, la seño Mariana y unos paraguas muy movedizos.
El broche de oro: nosotras todas, por supuesto, las 6 docentes en el turno, munidas de abanicos gigantescos y antifaces con mucho brillo, haciendo gala de una coreografía que hizo temblar al mismísimo Julio Bocca.
Es imposible negarles el placer de vernos en acción.
Mis mejores deseos de paz y prosperidad.
Hasta el año que viene si Dios quiere.
SEÑO MARY
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